Los datos son claros. El remanente es una especie en peligro.

ACTUALIZACIÓN: sin advertirlo, publicamos el artículo sin darle el crédito a la versión original publicada por Adventist Review. Nos disculpamos por el error.– Personal de Noticias de la División Interamericana.

21 de enero de 2022 | Silver Spring, Maryland, Estados Unidos | Por David Trim

La Iglesia Adventista del Séptimo Día está perdiendo a sus jóvenes. Esta es una realidad prácticamente en todas partes, aunque es por cierto real en el “Norte Global” de países avanzados económicamente y seculares con culturas posmodernas o postreligiosas. Pero es un hecho en todas partes: Nuestros hijos están abandonando la fe.

En primer lugar, aquí están los datos. En todas partes, la Iglesia Adventista experimenta elevados índices de pérdida. Tenemos más de cincuenta años de datos detallados sobre los que suman a la iglesia (por bautismo y profesión de fe); sobre los fallecimientos; y sobre los que se van de la iglesia, ya sea porque son sacados de la lista de miembros o porque, cuando se efectúa una revisión de los registros de miembros, tienen paradero desconocido. Durante ese más de medio siglo, el índice de pérdidas ha sido de 41 por ciento, sin incluir los fallecimientos. Son los miembros vivos los que dejan la familia de la iglesia, lo que es hasta cierto punto volitivo, aun cuando la partida es involuntario (porque son desfraternizados), dado que el miembro escogió actuar de maneras que produjeron la separación. En otros casos (donde los miembros piden ser sacados de las listas o no sabemos qué les pasó), la desconexión literal es obviamente voluntaria.

Análisis de los datos

Sabemos que dos de cada cinco miembros escogen dejar la Iglesia Adventista. No obstante, ¿cuándo se van? ¿En qué etapa de la vida?

En ese ámbito no tenemos datos tan buenos, porque hasta la muy reciente adopción de sistemas de registros digitalizados de los miembros, no llevábamos registro de la edad de los miembros sino tan solo si eran miembros o simplemente simpatizantes. Para fines de esta década, a medida que se adopten ampliamente los sistemas de miembros, tendremos una visión más clara sobre las edades de los miembros que se quedan y se van. Tenemos sin embargo algunas indicaciones de cuál es la proporción de ese 41 por ciento que se va que lo hace de joven.

En primer lugar, tenemos información de investigaciones cuidadosas llevadas a cabo entre exmiembros de iglesia. Ese tipo de investigación es difícil de hacer porque no existe una base de datos de direcciones de exadventistas. Por ello, hay que ser cauteloso a la hora de evaluar los resultados. A pesar de ello, impresiona que el 62.5 por ciento expresó que eran jóvenes cuando dejaron de ser miembros de iglesia.[1] Es digno de destacar, asimismo, que este estudio reportó datos global.

En segundo lugar, si miramos a esas partes de la iglesia mundial que ya han avanzado para guardar registros digitales de sus miembros, tenemos algunos datos sobre las edades. Aunque gran parte de la Iglesia aún conserva registros en papel o sistemas más antiguos, y solo cuenta los miembros sin guardar otra información, hay suficientes unidades organizacionales de la Iglesia como usarlas como muestra representativa global. Sabemos que los jóvenes (los de 35 años o menos) conforman el 51 por ciento de la feligresía de la Iglesia; y los de 18 años o menos conforman el 14 por ciento. Pero esos son los que ya son miembros, de manera que el porcentaje de jóvenes y adultos jóvenes en las iglesias adventistas locales es más alto (en algunos lugares, mucho más alto) porque las estadísticas no incluyen a los niños y adolescentes que aún no son bautizados. Lo que no sabemos es cuántos niños y adolescentes escogen no bautizarse. Donde no se han producido auditorías de los miembros, no sabemos cuántos adolescentes y menores de 30 años, contados en el sistema, ya han, en sus mentes, partido de la Iglesia aun cuando todavía no han sido registrados como miembros en el sistema.

Aun así, sabemos que la edad media de los varios millones de miembros en las diversas bases de datos del mundo es de 38 años y 2 meses. En contraste, en una encuesta comisionada por la División Norteamericana de miembros de iglesia en Norteamérica en 2008, la edad media era de 51. Ese estudio concluyó que, en comparación con las poblaciones de los Estados Unidos y Canada, “los adventistas están representados en demasía en las personas de 55 o más años”, y en general “representados en forma insuficiente en los menores de 45 años”, y en particular muy poco representados en la denominada Generación X (los que nacieron entre 1977 y 1994, que hoy tienen entre cerca de 30 años a poco más de 40).[2] Las evidencias recientes señalan fuertemente que la situación no ha mejorado desde 2008: en la Encuesta Global de Miembros de 2018, el 58 por ciento de los encuestados en la División Norteamericana tenía más de 55 años, y la edad promedio de los que respondieron fue de 57 años.[3]

Entre los registros y la realidad

Ahora bien, es verdad que el sistema de registro de miembros eAdventist, que es usado por la División Norteamericana, muestra grandes números más grandes de adolescentes y menores de 30 años en comparación con la encuesta. Sin embargo, si bien se añaden con regularidad los bautismos a eAdventist, en muchos casos, los datos no han sido auditados desde entonces. Muchos de los jóvenes que fueron bautizados y están registrados como miembros ya no asisten y, en sus mentes, ya no son adventistas del séptimo día. Nuestros registros oficiales no se han puesto al día respecto de esa realidad. La base de datos registra la teoría; las encuestas, la realidad. En otras palabras, es evidente que la Iglesia Adventista en Norteamérica tiene un gran problema para mantener a los jóvenes en la Iglesia.

Sabemos que este fenómeno está lejos de ser único. Debido a que la División Norteamericana ha comisionado hace mucho investigaciones y fue una región que adoptó temprano los sistemas digitales de miembros, podemos brindar un informe más detallado.

Y en tercer lugar, recurrimos a las estadísticas de miembros existentes y de larga data que tiene la Iglesia. Sabemos por las estadísticas recolectadas por la Iglesia a partir de 1965, la tasa de mortalidad (es decir, el número de muertes por mil personas de una determinada población) de la Iglesia en la División Euroasiática, la División Intereuropea, y la División Transeuropea, dado que cada división en su totalidad, excede la tasa de mortalidad de la población en general en esa división. ¿Qué indica este hecho en apariencia abstruso? Significa que la Iglesia tiene mucha edad. En teoría, la ventaja de salud adventista significa que las tasas de mortalidad adventistas deberían ser menores que las de la población en general; en efecto, acaso el 75 por ciento de las de la población en general. Si es mayor, eso significa que la Iglesia tiene mucha edad. Por ello, aun cuando los programas información de miembros aún están siendo adoptados para los registros de miembros en estas tres divisiones, las estadísticas que tenemos nos dicen que la Iglesia en Europa es una iglesia que envejece, una Iglesia cada vez de más edad. Los jóvenes bautizados se están yendo, y nuestros niños adventistas no se están bautizando. O ambas cosas.

Si miramos a una unión en la División de Asia-Pacífico Norte, la Unión Asociación de Japón, encontramos la misma situación: la tasa de mortalidad adventista es más alta que la tasa de mortalidad nacional. Aun así, Japón se destaca por tener la población de más edad en el mundo, dado que el 28 por ciento de los japoneses tiene 65 años o más. Aunque aún no tenemos las estadísticas detalladas por edad para Japón, sabemos que los feligreses tienen más edad que esto, en el país de mayor edad promedio del mundo.

Norteamérica, Europa y Japón. Son tres regiones en las que una Iglesia que envejece enfrenta un futuro incierto, y necesita la inyección de la vitalidad de los jóvenes si quiere tener un futuro brillante.

La búsqueda de razones

Todas las evidencias que tenemos, entonces, a partir de las estadísticas generales más antiguas de miembros, de estadísticas nuevas y detalladas de miembros, y de encuestas de miembros de iglesia y exmiembros de iglesia, nos dicen que nosotros los adventistas tenemos un problema en conservar a los jóvenes. Estamos perdiendo nuestros hijos. Y esa es una realidad en todas partes.

Por cierto, en algunas regiones la Iglesia es sumamente joven, en particular en América Latina, la África subsahariana, y partes del sudeste asiático. Pero eso se debe mayormente al éxito del evangelismo. Acaso no exista una región en el mundo que no sufra pérdidas significativas de sus miembros jóvenes.

¿Cuáles son las razones? Si los datos nos dicen que tenemos un problema, ¿cuál es la causa? En este aspecto no tenemos una respuesta totalmente segura, pero las evidencias de las encuestas globales de miembros de iglesia en 2013 y 2018 pueden resultar útiles.

En la encuesta de 2018, 7 de cada 10 encuestados (n = 55,554) se mostró de acuerdo o totalmente de acuerdo con la declaración “Pude hablar con uno o los dos de mis padres sobre temas religiosos”.[4] Esto señala que hay una razonablemente buena comunicación intergeneracional sobre las creencias, aunque, por supuesto, los que ya no son miembros de iglesia y que acaso no pudieron hablar con sus padres si tenían dudas no habrían contestado la encuesta. Aun así, ese resultado indica que tenemos que mirar en otro lado para hallar una causa.

Uno de los hallazgos más asombrosos en la Encuesta Global de Miembros tanto en 2013 como en 2018 fue la sumamente baja incidencia del culto familiar.

Figura 1. Frecuencia del culto familiar, Encuesta Global de Miembros de Iglesia 2013 (n = 26,809)[5]

En 2013, solo el 36 por ciento de los encuestados participaba del culto familiar diario, y aun los que lo experimentaban más de una vez por semana estaban por debajo del 60 por ciento del total. Lo que es más, uno de cada seis encuestados reportó que nunca tenían cultos familiares. En dos divisiones, los que jamás habían participado del culto familiar superaban el 20 por ciento.[6]

Como reconocimiento a la naturaleza esencial del culto familiar de manera regular, el plan estratégico de la iglesia mundial Alcanzar al mundo establece como su segundo indicador clave de desempeñó un “incremento significativo de los números de miembros de iglesia que participan de manera regular en el estudio de la Biblia y el culto familiar”. Pero si bien en los cinco años entre el 2013 y 2018 se vio un incremento en el número de miembros de iglesia que participan de estudio de la Biblia regular, frecuente y personal, ¿cuál fue el resultado en el caso del culto familiar?

 

Figura 2. Frecuencia del culto familiar, Encuesta Global de Miembros de Iglesia 2018 (n = 56,850)[7]

La proporción que informó el culto diario se incrementó, pero solo en un punto porcentual. Pero la proporción que respondió “nunca” ascendió al 21 por ciento. La encuesta de 2013 tuvo la mitad de encuestados que la encuesta de 2018, y tenía un margen de error de +/- 3 por ciento, mientras que el margen de la encuesta de 2018 fue de +/- 1 por ciento. Por ello, estadísticamente, el resultado de 2013 podría haber sido 19 por ciento y el resultado de 2018 20 por ciento, un incremento de 1 punto porcentual en lugar de 5. Más allá de los matices estadísticos, la cifra sin duda se incrementó. Mientras tanto, la proporción que informó el culto familiar varias veces a la semana disminuyó. En resumen, el establecimiento de un incremento en el culto familiar regular como objetivo estratégico de la Iglesia Adventista mundial no tuvo efecto alguno. En efecto, parece como si hubiéramos retrocedido.

La respuesta a una nueva pregunta en la encuesta de miembros de iglesia de 2018 (que no se preguntó en 2013) fue también notable. Se preguntó si, durante la niñez, “tener el culto matutino o vespertino con uno o los dos padres era una práctica habitual en la familia” (n = 55,687). El porcentaje que se mostró en desacuerdo o totalmente en desacuerdo fue del 21 por ciento, ligeramente más que el porcentaje que se mostró totalmente de acuerdo, que fue solo del 20 por ciento. “De acuerdo” y “totalmente de acuerdo” juntos sumaron menos de la mitad del total. Otro 20 por ciento escogió “no se aplica”, casi ciertamente porque habían crecido fuera de la iglesia. Pero las otras respuestas a esa pregunta señalan que el culto familiar regular no solo no es una práctica común de la vida espiritual hoy día, sino que no lo ha sido durante un buen tiempo.

Regresando a la pregunta anterior, estos hallazgos sobre el culto familiar motivan la pregunta: ¿Ha encontrado la investigación la raíz del problema? ¿Hemos identificado la razón por la que no logramos retener a muchos de los jóvenes? Se requiere un grado de precaución. Vemos evidencias de una tendencia decreciente al culto familiar, y otra tendencia de disminución de miembros, en especial entre los jóvenes. Pero no podemos decir definitivamente que un elemento es causa del otro: se necesitarían más evidencias para llegar a esa conclusión. Es digno de destacar que los encuestados en 2013 y 2018 eran abrumadoramente miembros de la Iglesia Adventista (97,25 por ciento, con solo unos pocos miembros encuestados de entre los que asisten a las Escuela Sabática o al culto divino cuando se distribuyeron los cuestionarios). ¿Cuáles podrían haber sido las cifras equivalentes para el culto familiar entre los exmiembros adventistas? Si los números fueran aún peores, entonces tendríamos una evidencia más firme de una relación causal. Este sería un buen proyecto de investigación para futuros investigadores adventistas.

Pero hay un punto final que me gustaría destacar: nuestra falla sistemática de adorar juntos como familias seguramente no está ayudando al problema de reducción de miembros. Si más familias comienzan a tener devocionales juntas, de manera regular, eso haría seguramente mucho bien. Elena G. White testificó del poder del culto familiar como algo separado del estudio personal e individual de la Biblia. Escribió: “Las asociaciones familiares deberían tener un poder elevador y santificador; entonces la religión de Cristo podrá adquirir su carácter apropiado en el hogar; entonces los privilegios del culto familiar podrán ejercer su influencia edificante y divina, en lugar de permanecer como actos solitarios, llevados a cabo solo en ciertas ocasiones”.[8] ¿Cuán a menudo los padres o aun los niños piensan en el culto familiar como un deber? Elena G. White nos dice que es un privilegio y, al pensar en la espantosa hemorragia de jóvenes adventistas de esta iglesia, no necesitamos acaso más de “su influencia edificante y divina”?

No podemos mostrarnos complacientes al considerar las implicaciones eternas de llevar a cabo el culto familiar. Tenemos que hacer todo lo posible para ayudar a que los jóvenes adventistas permanezcan en la familia de la Iglesia Adventista, para que sean bendecidos al formar parte de ella, mientras ellos también son una bendición para la iglesia gracias a su vigor y entusiasmo. Tiene que haber, sin duda, una respuesta administrativa a la disminución de jóvenes, pero el mejor lugar donde comenzar, creo yo, es si cada uno de nosotros cuida de los niños o nietos, dedicando tiempo a realizar el culto con ellos.

Cuando oramos juntos, estudiamos juntos la Palabra de Dios, y cantamos juntos, y cuando lo hacemos con entusiasmo, llegaremos a ser modelos que ofrecen una alternativa inspiradora ante un mundo que sufre y lastima porque ha perdido todo vestigio de esperanza. La familia que adora junta bien puede permanecer unida, por la eternidad.

David Trim, Ph.D., es director de la Secretaría de Archivos, Estadísticas e Investigaciones en la Asociación General de los Adventistas del Séptimo Día.


[1] David Trim, “Foundational Research”, presentación en la Cumbre de Retención y Cuidado de Miembros de la División Transeuropea (2018), https://www.adventistresearch.info/wp-content/uploads/NR2017TED_2.pdf, diapositiva 13.

[2] Monte Sahlin y Paul Richardson, Seventh-day Adventists in North America: A Demographic Profile (North American Division, 2008), http://circle.adventist.org/files/icm/nadresearch/NADDemographic.pdf, pp. 5, 6 (cita en la p. 5).

[3] Petr Činčala et al., North American Division Report: Global Church Member Survey 2017-2018 (2018) www.adventistresearch.info/wp-content/uploads/2017-2018-GCMS-NAD-final-public-report-pages.pdf, p. 19, cf. Karl G. D. Bailey et al., 2017-2018 Global Church Member Survey: Meta-Analysis Final Report (2019), http://documents.adventistarchives.org/Resources/Global%20Church%20Membership%20Survey%20Meta-Analysis%20Report/GCMSMetaAnalysis%20Report_2019-08-19.pdf, p. 19.

[4] Bailey et al., p. 25.

[5] David Trim, “Seventh-day Adventist Global Data Picture: Report on Global Research 2011-2013”, presentación ante el Concilio Anual 2013, https://www.adventistresearch.info/wp-content/uploads/AC-2013-Statistical-Report-revised-1.pdf, diapositiva 27.

[6] Ibíd., diapositiva 28.

[7] Bailey et al. pp. 36, 37.

[8] Carta 145, 1893 (8 de marzo de 1893). (La cursiva es mía).

Traducción de Marcos Paseggi

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