15 e julio de 2021 | Silver Spring, Maryland, Estados Unidos | Ted N.C. Wilson, President de la Asociación General de los Adventistas del Séptimo Día

Saludos amigos. ¿Alguna vez han estado en una tormenta donde el viento aúlla, los relámpagos destellan y los truenos estallan? Puede ser una experiencia aterradora. Pero imagina lo peor que sería en el mar, donde las olas parecen chocar contra ti mientras la tormenta se arremolina a tu alrededor.

El apóstol Pablo se encontró en tal situación. Lo leemos en el capítulo 27 de Hechos, donde la situación se volvió tan terrible que la tripulación y los pasajeros comenzaron a tirar todo por la borda. «Pero siendo combatidos por una furiosa tempestad, al siguiente día empezaron a alijar,» Leemos en Hechos 27:18.

«Y al tercer día con nuestras propias manos arrojamos los aparejos de la nave. Y no apareciendo ni sol ni estrellas por muchos días, y acosados por una tempestad no pequeña, ya habíamos perdido toda esperanza de salvarnos.» (Hechos 27:18-20).

Esa es una situación bastante espantosa. Y, sin embargo, había uno a bordo que no se había rendido, y ese hombre era Pablo. Como pueden ver, esta no fue la primera situación mortal que enfrentó el apóstol. Él describe sus experiencias en 2 Corintios 11:24-27

«De los judíos cinco veces he recibido cuarenta azotes menos uno. Tres veces he sido azotado con varas; una vez apedreado; tres veces he padecido naufragio; una noche y un día he estado como náufrago en alta mar; en caminos muchas veces; en peligros de ríos, peligros de ladrones, peligros de los de mi nación, peligros de los gentiles, peligros en la ciudad, peligros en el desierto, peligros en el mar, peligros entre falsos hermanos; en trabajo y fatiga, en muchos desvelos, en hambre y sed, en muchos ayunos, en frío y en desnudez.»

¡Este hombre de Dios había pasado por mucho! ¿Cómo pudo seguir adelante a través de todas estas pruebas y desalientos? Creo que la respuesta se encuentra en lo que dijo mientras estaba en medio de esa terrible tormenta en el mar.             

A pesar de que Pablo le había aconsejado al capitán del barco que no siguiera navegando en ese momento, todavía habló palabras de aliento llenas de fe. Escuchemos atentamente sus palabras registradas en Hechos 27:21-25: «‘Habría sido por cierto conveniente, oh

varones, haberme oído, y no zarpar de Creta tan sólo para recibir este perjuicio y pérdida. Pero ahora os exhorto a tener buen ánimo, pues no habrá ninguna pérdida de vida entre vosotros, sino solamente de la nave.  Porque esta noche ha estado conmigo el ángel del Dios de quien soy y a quien sirvo, diciendo: Pablo, no temas; es necesario que comparezcas ante César; y he aquí, Dios te ha concedido todos los que navegan contigo. Por tanto, oh varones, tened buen ánimo; porque yo confío en Dios que será así como se me ha dicho.»

¿Cómo pudo Pablo tener una fe tan sólida como una roca en medio de una tormenta donde todo parecía perdido? ¿Cómo podía mantener la esperanza en lo que parecía ser una situación completamente desesperada?

Bueno, podrías decir: «es porque se le acercó un ángel». Estoy seguro que fue alentador y, sin embargo, creo que hubo algo más que la simple presencia de un ángel; creo que fue el mensaje que Dios le dio a él. Noten las palabras de Pablo, nuevamente, 

«Por tanto, oh varones, tened buen ánimo; porque yo confío en Dios que será así como se me ha dicho.» (Hechos 27:25).

Y eso es exactamente lo que sucedió. Aunque el barco se hundió por completo, Pablo y todos los que estaban a bordo se salvaron. Pablo tenía paz y valor porque había tenido plena y total confianza en la palabra de Dios, que sería tal como Dios dijo.

 Amigos, se nos dice muy claramente que se acerca «una tormenta, implacable en su furia». «¿Estamos preparados para enfrentarla?» La pluma inspirada dice lo siguiente:

«No es necesario que digamos que los peligros de los últimos días pronto nos sobrecogerán, porque ya han llegado. Precisamos ahora la espada del Señor para que corte hasta el alma misma y los tuétanos, la concupiscencia de la carne, los apetitos y las pasiones. {8TI 329.3}

¿Y a qué se refiere con esta «espada del Señor?» Es la misma espada descrita en

Efesios 6:17 «Y tomad el yelmo de la salvación, y la espada del Espíritu, que es la palabra de Dios;.»

Amigos, nuestra única seguridad, nuestra única certeza en los días venideros es tomar a Dios y Su palabra, como se revela a través de las Escrituras inspiradas de la Biblia. La Biblia ha resistido la prueba del tiempo a lo largo de los siglos. Las profecías dadas hasta aho ra se han cumplido a tiempo, y podemos estar seguros de que lo que falta, también se llevará a cabo tal como lo revela la Biblia.

Se nos ha dado también, como indica Apocalipsis 19:10, el maravilloso don del testimonio de Jesús, que es el Espíritu de Profecía, como ayuda para guiarnos a través de estos últimos días de la historia de la Tierra. 

A medida que avanzamos en los próximos días, no debemos preocuparnos. Mientras mantengamos a Jesús como nuestro «Polo Norte», la Biblia como nuestra «brújula» y al Espíritu de Profecía para iluminar el mapa, podemos estar seguros que llegaremos a nuestro destino final con seguridad, gozo y paz. ¡Sigamos adelante juntos mientras avanzamos en la misión, proclamando los mensajes de los tres ángeles a través del poder de Cristo, y la asombrosa noticia de que Jesús vendrá muy, muy pronto!

Oremos juntos ahora mismo.

Padre celestial, gracias por el mensaje asombroso que nos das, gracias por la palabra de Dios, la Biblia, es tan segura como cualquier fundamento, es el fundamento de todo tu amor, y tu carácter que se revela a nosotros. Tu carácter se basa en el amor y estas preciosas palabras en la Biblia son tus cartas de amor para darnos instrucción y guía.

Gracias Señor por el espíritu de profecía, a través de los escritos de Elena de White, tu sierva, gracias por darnos el espíritu de profecía, que ilumina el camino, nos lleva a Jesús y a la palabra de Dios. Gracias por el privilegio de saber que nuestro futuro es seguro al apoyarnos en los méritos y la sangre de Jesucristo todos los días, por tu justicia justificadora y santificadora, que es el núcleo mismo de los mensajes de los tres ángeles, ayudándonos a comprender que debemos volver al verdadero culto de Dios y proclamarlo al mundo.

Señor, danos una firme convicción de que tu palabra es la fuente de toda vida y verdad, bendícenos ahora, mientras avanzamos hacia los últimos días de la historia de la tierra, Señor, nos apoyamos en ti, en tu palabra y en tu instrucción en el espíritu de profecía y te damos gracias por escucharnos, en el precioso nombre de Jesús te lo pedimos, amén.

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