10 de junio de 2021 | Silver Spring, Maryland, Estados Unidos | Ted N.C. Wilson, President de la Asociación General de los Adventistas del Séptimo Día

TED WILSON: ¡Hola amigos! Hoy estoy encantado de que mi querida esposa, Nancy, se una a nosotros una vez más y, de hecho, ella nos compartirá el mensaje especial esta semana.

Este sábado, 12 de junio, ha sido designado como el Día de Énfasis en el Ministerio de la Mujer. El tema de Ministerios de la Mujer es «Iré a alcanzar mi mundo», ¡y qué maravillosa meta es que todos vayan, en el poder del Señor, y alcancen su mundo para Él! 

Nancy, gracias por todo lo que haces para alcanzar a otros, tanto quienes están cerca o lejos, para Jesús. ¡Estoy seguro de que muchos serán bendecidos con el mensaje que tienes que compartir con nosotros hoy! 

NANCY WILSON: Gracias, Ted. Me alegra compartir este breve mensaje y me gustaría dirigirme especialmente a nuestras queridas hermanas de todo el mundo.

Saben, hermanas, Dios nos ha hecho a cada una de nosotras un llamado especial para alcanzar nuestro mundo para Él. ¡Y es un llamado que solo ustedes y yo podemos cumplir! Escuchen esta inspiradora y alentadora declaración de Elena de White:

« Las mujeres, tanto como los hombres, pueden sembrar la verdad donde pueda obrar y hacerse manifiesta. Pueden ocupar su puesto en esta crisis, y el Señor obrará por su intermedio. Si las compenetra el sentimiento de su deber y si trabajan bajo la influencia del Espíritu Santo, tendrán el dominio propio que este tiempo demanda. El Señor hará brillar la luz de su rostro sobre esas mujeres animadas por el espíritu de sacrificio, y les dará un poder superior al de los hombres. Pueden realizar en las familias una obra que los hombres no pueden hacer, una obra que penetra hasta la vida íntima. Pueden acercarse a los corazones de personas a las cuales los hombres no pueden alcanzar. Su cooperación es necesaria. Las mujeres discretas y humildes pueden hacer una buena obra al explicar la verdad en los hogares.

Así explicada, la Palabra de Dios obrará como levadura, y familias enteras se convertirán por su influencia. {9TI 104.4} 

¡Qué influencia tan asombrosa es esta! Y para ilustrar más este punto, veamos brevemente cómo una niña pudo, a través de un hogar, influir en una de las familias más poderosas de su tiempo. Lo leemos en

2 de Reyes capítulo 5, comenzando con los versículos 1-5:

« Naamán, general del ejército del rey de Siria, era varón grande delante de su señor, y lo tenía en alta estima, porque por medio de él había dado Jehová salvación a Siria. Era este hombre valeroso en extremo, pero leproso.  Y de Siria habían salido bandas armadas, y habían llevado cautiva de la tierra de Israel a una muchacha, la cual servía a la mujer de Naamán.  Esta dijo a su señora: Si rogase mi señor al profeta que está en Samaria, él lo sanaría de su lepra. Entrando Naamán a su señor, le relató diciendo: Así y así ha dicho una muchacha que es de la tierra de Israel.  Y le dijo el rey de Siria:

Anda, ve, y yo enviaré cartas al rey de Israel. (RVR1960)

Detengámonos por un momento y consideremos ¡cuán asombroso es esto! ¡Aquí hay una niña, arrebatada de su familia y obligada a servir en la misma casa del responsable de su captura!

Involuntariamente llevada a esta injusta situación, la Pequeña Sirvienta podría haber estado amargada, resentida y enojada. Pero ella no lo estaba. Desde pequeña le habían enseñado una vocación superior, una que mira más allá de uno mismo hacia el bienestar de los demás.

Y, como lo demuestra su declaración hacia su ama, ella creía en el don de profecía: «Si rogase mi señor al profeta que está en Samaria«, dijo, «porque él lo sanaría de su lepra». ¡Qué declaración de fe cuando incluso el rey de Israel pareció olvidarse del profeta de Dios!

Nota cómo esta joven se preocupaba genuinamente por el bienestar de un hombre poderoso que, con mucha razón podría haber sido considerado su enemigo. Ella se preocupó lo suficiente como para hablar con la esposa de Naamán, quien le transmitió el mensaje a su esposo.

Esto requirió valor. Pudo haber razonado que debido a su humilde posición estaba indefensa, que nadie la escucharía ni le creería. Después de todo, Siria era rica y poderosa; ¿no tendrían la mejor atención médica?

Sin embargo, a pesar del riesgo de burla y rechazo, la Pequeña Sirvienta habló y sus captores le creyeron. ¿Y por qué le creyeron? Sin duda, se debía en parte a lo que habían observado: Su amabilidad, cortesía y consideración. Se nos dice en Profetas y Reyes:            

La conducta de la niña cautiva en aquel “hogar pagano constituye un testimonio categórico del poder que tiene la primera educación recibida en el hogar. No hay cometido mayor que el que ha sido confiado a los padres en lo que se refiere al cuidado y la educación de sus hijos. Los padres echan los fundamentos mismos de los hábitos y del carácter. Su ejemplo y enseñanza son lo que decide mayormente la vida futura de sus hijos…

Mientras los padres de aquella niña hebrea le enseñaban acerca de Dios, no sabían cuál sería su destino. Pero fueron fieles a su cometido; y en la casa del capitán del ejército sirio, su hija testificó por el Dios a quien había aprendido a honrar. {PR 185.2}.

Hermanas, al considerar nuestro llamado, nunca olvidemos a los más cercanos a nosotros y la poderosa influencia que Dios ha puesto en nuestras manos. Ya sea que tengamos nuestros propios hijos o que seamos «madres en Israel», Dios nos ha colocado en la poderosa posición de enseñar, nutrir y guiar la vida de toda la humanidad.

Se nos dice que

Al rey en su trono no incumbe una obra superior a la de la madre… A ella le toca modelar el carácter de sus hijos, a fin de que sean idóneos para la vida superior e inmortal. Un ángel no podría pedir una misión más elevada; porque mientras realiza esta obra la madre está sirviendo a Dios. Si tan sólo comprende ella el alto carácter de su tarea, le inspirará valor. Percátese del valor de su obra y vístase de toda la armadura de Dios a fin de resistir a la tentación de conformarse con la norma del mundo. Ella obra para este tiempo y para la eternidad.3 {Hogar Cristiano 206.3} 

Queridas Hermanas, Dios nos ha colocado en una posición de influencia poderosa, una posición que sólo nosotras podemos cumplir. Si bien hay muchas formas en que podemos servir al Señor mientras «vamos a alcanzar nuestro mundo», recordemos siempre nuestro llamado especial de llegar a los más cercanos y queridos a través de la poderosa influencia del hogar. 

Les invito a orar conmigo ahora mismo. 

Padre celestial, muchas gracias por el privilegio que nos has dado de trabajar a tu lado, contigo y para ti Señor, por nuestros hijos, por nuestros vecinos, por los de nuestra iglesia, Señor, le has dado a las mujeres talentos especiales, dones especiales, llegar a los niños y guiar a las mujeres más jóvenes, y tocar la vida de nuestros vecinos.

Señor, ayúdanos a ser fieles a la confianza que has depositado en nosotros, y a ser tus manos y pies, hoy y siempre, gracias por escuchar y responder nuestras oraciones. En el nombre de Jesús, amén.

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