La clase y los líderes de la Escuela Bíblica de Vacaciones posan juntos para una fotografía. [Fotografía: Está escrito]

22 de marzo de 2020 | Por Ellen Hostetler, Escrito está

A fines de febrero de 2020, 27 estudiantes y docentes del Colegio Cristiano Jefferson de Jefferson, Texas, Estados Unidos, viajaron hasta Belice como parte de su primer viaje misionero de ‘Escrito está’. No sabían qué esperar, pero estaba entusiasmados. Desde los alumnos de noveno al duodecimo año, el grupo mostró que estaba listo para trabajar. Y trabajaron duro. Belice es un pequeño y exuberante país de Centroamérica encerrado entre México, Guatemala y el Mar del Caribe. En febrero, el clima es hermoso: es cálido de día y fresco de noche. Los estudiantes fueron recibidos con los brazos abiertos y pronto aprendieron a disfrutar de la comida local: porotos frijoles y arroz. Los estudiantes se establecieron durante dos semanas en el Hospital Adventista La Loma Luz y salieron a hacerse de amigos para Cristo. A varios de los estudiantes se les asignó que construyeran casas en el hospital, un proyecto que ha visto un progreso gradual en los últimos tres años. En tan solo unos días, hicieron progresos récord. Un líder estudiante líder que también sabe de mecánica reparó varios vehículos locales, compartió algunos de los secretos del negocio, y dejó algunas de sus herramientas para que se pudieran hacer más reparaciones.

Pila Telefoni, el director de la residencia estudiantil de varones del colegio y líder del viaje, sabía que ese viaje sería diferente. Por primera vez, los estudiantes iban a predicar algunas de las tres reuniones de evangelización que estaban llevándose a cabo por las noches. Unidos por el coro del equipo misionero y equipados con las diapositivas y notas de medios de Escrito está, los estudiantes se prepararon para compartir lo que creían, tanto en inglés como en español.

Los líderes de la misión enseñan a los estudiantes locales en la Escuela Bíblica de Vacaciones. [Fotografía: Escrito está]

Una reunión tuvo lugar en una tienda del otro lado de una calle donde hay un parque de la ciudad lleno de jóvenes, música a todo volumen y alcohol. Una noche, mientras los estudiantes predicaban, un hombre se acercó a Pila y le preguntó por Daniel capítulo 11. Pila podía oler el alcohol de su aliento, mientras el hombre le contaba que había sido bautizado 45 años antes. Pila lo vio a la siguiente noche, mientras escuchaba desde debajo de un árbol del otro lado de la calle. Oró para que la esperanza fuera plantada una vez más en el corazón del hombre.

Durante el día, el coro de estudiantes ofreció un programa de la Escuela Bíblica de Vacaciones en una escuela primaria cercana. Los maestros se tomaron un necesario receso mientras el equipo misionero de Está escrito entonaba cánticos, jugaba juegos, contaba historias y se hacía de amigos. Natán fue notado por Erian, uno de los pequeños estudiantes de la escuela primaria. Erian, que tiene solo 7 años, proviene de un hogar quebrantado. Cuando las cosas no iban bien en su hogar, su madre le empacaba una bolsa y lo mandaba a la calle hasta que la policía lo buscara.

Natán y Erian pronto se volvieron inseparables. Al fin de las semanas en Belice, el equipo planificó una salida a andar en cámaras inflables en algunas cuevas y practicar la tirolesa. Natán no podía dejar atrás a Erian. Cuando Natán se dirigió al aeropuerto al día siguiente, Erian se aferró fuertemente a él. No quería que su nuevo amigo se fuera.

Los estudiantes construyen casas para los médicos del hospital [Fotografía: Está escrito]

Cuando el equipo se estaba yendo, los estudiantes renunciaron a comprar recuerdos del viaje. Por el contrario, usaron el dinero para comprar regalos para sus nuevos amigos en Belice, como por ejemplo crayones y papeles de colores. Natán dijo que quería ahorrar y pagar los 45 dólares al año que cuesta mantener a Erian en la escuela cristiana.

De regreso en sus hogares, los estudiantes del colegio preguntaron a Pila si podían cruzar la calle y pasar tiempo con los niños de la escuela primaria del lugar. Se dieron cuenta de que un poco de atención y una sonrisa podían marcar una gran diferencia en la vida de un niño.

“Definidamente haremos otro viaje misionero con Escrito está”, prometió Pila. “Todo salió tan bien. Fue una bendición estar en ese viaje. Les pedí a los estudiantes que levantaran la mano si habían disfrutado del viaje. Todos levantaron la mano, y me dijeron: ‘Fuimos para enseñar, pero ellos nos enseñaron a nosotros. No solo disfrutamos del viaje; ¡también fuimos bendecidos!’”

Natán (izquierda) y Erian se volvieron muy buenos amigos. [Fotografía: Está escrito]

La versión original de esta historia fue publicada en el sitio blog de noticiasde Escrito está.

Traducción de Marcos Paseggi

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