28 de enero de 2020 | Victor Hulbert, División Transeuropea, personal de la División Interamericana y Adventist Review

Han transcurrido setenta y cinco años desde la liberación de Auschwitz por las tropas soviéticas el 27 de enero de 1945. Muy pocos sobrevivientes están vivos todavía y, cada año, menos de ellos pueden contar la historia. El horror de la tragedia continúa persiguiendo en el recuerdo y mancillando a Europa.

Los adventistas del séptimo día tuvieron una pequeña parte en esa historia. Algunos escondiendo y protegiendo judíos y otros terminaron ellos mismos en los mortales campos de concentración.

Si visitas las oficinas principales de la Iglesia Adventista en Riga, Letonia, podrás notar la figura de una pequeña estrella de David incrustada en el pavimiento afuera del edificio. Esparcidas por toda la ciudad, otras estrellas similares conmemoran la valentía de aquellos ciudadanos que escondieron o ayudaron a personas judías durante la ocupación nazi en la Segunda Guerra Mundial.

No muy lejos de las oficinas se puede observar otra estrella, afuera de un sencillo edificio con pórtico de madera en donde dos hermanas adventistas vivieron en un apartamento del segundo piso. Ellas acogieron a un joven judío de 17 años y le proporcionaron refugio con gran peligro de su propia vida. Su bondad llevó al joven a su aceptación del cristianismo. Ysack Kleimanis llegó a ser eventualmente un ministro adventista del séptimo día y uno de los más eficientes ganadores de almas en Letonia.

En Hungría, László Michnay les salvó la vida a más de 50 judíos, escondiéndolos en propiedades de la iglesia, en casas de miembros de la iglesia, y esforzándose para ayudarlos a escapar.

“Había tan pocos que tenían el valor de hacer esto”, señala Magda Berzenczey, hija de László Michnay, refiriéndose a los adventistas que ayudaron a los judíos durante el período nazi. “Sí, hubo algunos, pero deberían de haber sido muchos, muchos más”.

László Michnay decidió formar una red clandestina para el rescate de personas judías. Jolán, su fiel esposa y toda una “madre en Israel”, lo apoyó incondicionalmente.

Un punto central en esta operación de rescate fue el edificio de la iglesia adventista en la calle Székely Bertalan, cerca del gueto judío. En sótanos, áticos, debajo de las escaleras y detrás de la plataforma, este osado pastor mantuvo escondidos una cantidad de judíos, bajo el código “U-boats”. No hacía distinción entre adventistas de ascendencia judía u otros judíos. László Michnay trató de ayudar a cualquier persona que solicitó su ayuda.

Aucshwitz simboliza el horror de los mortales campos de concentración nazis y el genocidio que eliminó seis millones de vidas inocentes. Los adventistas no fueron inmunes al horror de estos campos de exterminio.

En un filme documental que hace resaltar la misión adventista en la División Transeuropea (TED, por sus siglas en inglés) a través de 90 años, el presidente de esta división, Raafat Kamal, da a conocer algunas historias de esperanza y valor que todavía nos inspiran hoy a cumplir la misión. Entre esas historias se encuentra el testimonio del presidente de la Unión de Polonia, Ryszard Jankowski, en el que cuenta la forma como nueve miembros de su familia fueron recluidos en Auschwitz y Ravensbrück por observar fielmente el día sábado. La mayoría de ellos murieron ahí. Su ejemplo de fidelidad nos inspira a cumplir la misión, dijo el presidente Jankowski.

El Día de Recordación del Holocausto, observado el 27 de junio, es más que una lección histórica. Nos hace recordar insistentemente que esa historia no debe repetirse, a pesar de la reciente crisis en Ruanda, los países balcánicos y el grupo étnico Rohinyá.

“Más de un millón de personas, la mayoría de ellas judías, fueron asesinadas en el campo de exterminio en la Polonia ocupada por los nazis, antes de su liberación en enero de 1945. No es suficiente con recordar; y las lecciones del pasado se olvidan muy pronto”, dijo el presidente Kamal. “Hoy día, la maldad y el odio están aumentando rápidamente con nuevos rostros. El remedio puede encontrarse solamente como se refleja en la misión de nuestra Iglesia Adventista del Séptimo Día: ‘Hacer discípulos de Cristo Jesús, que vivan como sus amantes testigos y proclamen a todos los pueblos el evangelio eterno de los mensajes de los tres ángeles, en preparación para su pronto retorno’”.

“El horror del holocausto no se diluye con el tiempo”, señala el secretario ejecutivo de la División Transeuropea, Audrey Andersson. “Más bien, el paso del tiempo impone una mayor responsabilidad sobre todos nosotros para empeñarnos en una reconciliación en dondequiera que haya guerra y discordia, a fin de asegurarnos que esos acontecimientos no vuelvan a repetirse”.

Esta es una adaptación de la historia publicada en Trans-European Divisionarticle y Inter-European Divisionarticle

Traducción – Gloria A Castrejón

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