En referencia a una cita de Elena G. White, una de las fundadoras de la Iglesia Adventista, Torben Bergland, psiquiatra y director asociado de Ministerios Adventistas de Salud, dijo que los fanáticos pueden traer descrédito a la iglesia y obstaculizar su misión. “La reforma de salud puede llegar a ser una deformación, una destructora de la salud”, expresó, citando a White. Bergland habló durante la Tercera Conferencia Global sobre Salud y Estilo de Vida en la Universidad de Loma Linda, el 12 de julio de 2019. Fotografía: Red de Noticias Adventistas

“Lo que voy a compartir con ustedes hoy puede desafiarlos; puede servir de disparador de reflexiones personales”, dijo el psiquiatra adventista Torben Bergland en la Tercera Conferencia Global sobre Salud y Estilo de Vida en la Universidad de Loma Linda el pasado 12 de julio de 2019.

Su afirmación fue la declaración de apertura de una presentación titulada “Qué tiene de perjudicial el fanatismo”, en la que Bergland, uno de los directores asociados de Ministerios Adventistas de Salud, explicó cómo piensa la mente fanática, y de qué manera prevenirla.

Según el diccionario Merriam-Webster, en inglés, dijo Bergland, “el fanatismo es una perspectiva o conducta que se exhibe especialmente por medio del entusiasmo excesivo, un celo irracional, o nociones extremas o extravagantes sobre un determinado tema”. Al mismo tiempo, advirtió, no implica tan solo aplicar esa etiqueta a los demás sino que es algo en lo que todos tenemos el potencial de caer. Al menos parte del problema, expresó, es el hecho que olvidamos que ser humanos significa ser falibles.

La cuestión de la falibilidad

En una referencia al estudioso H. J. Perkinson, Bergland dijo que “el fanatismo es una huida de la falibilidad, pero ser ser humano es ser falible”. Explicó que nuestra falibilidad es una realidad difícil de aceptar porque a todos nos gustaría ser perfectos. Pero aunque todo lo que Dios ha hecho es perfecto, todo lo que la humanidad lleva a cabo es imperfecto, inadecuado.

En su presentación titulada “Qué tiene de perjudicial el fanatismo”, Torben Bergland, que es psiquiatra y director asociado de Ministerios Adventistas de Salud, hizo un llamado a la iglesia para que evite el fanatismo y se enfoque en Jesús para encontrar el equilibrio. Bergland habló durante la Tercera Conferencia Global sobre Salud y Estilo de Vida, en la Universidad de Loma Linda, el 12 de julio de 2019. Fotografía: Red de Noticias Adventistas

Al mismo tiempo, dijo Bergland, como Perkinson nos recuerda, el ser humano puede ignorar su condición de falibilidad y declarar que su conocimiento es verdadero, que sus acciones son buenas. En otras palabras, puede afirmar que es Dios. “En esa instancia se convierte en un fanático”, expresó.

Sobre la base de Perkinson, Bergland explicó que un fanático es dogmático, dado que insiste en que sus teorías, su ideología, sus soluciones son las correctas. El fanático es también un oscurantista, dado que ignora (o no puede percibir) argumentos, hechos o consecuencias que refutan sus soluciones. “Y finalmente, un fanático es autoritario”, dijo Bergland citando a Perkinson. “Cuando tiene poder, trata de imponer sus respuestas sobre los demás”.

“La objeción fundamental al fanatismo es que impide mejorar”, dijo Bergland, citando una vez más a Perkinson. “En lugar de mejorar lo que posee y procesa, los fanáticos lo celebran dogmáticamente, ocultan sus deficiencias y se esfuerzan por imponerlo sobre los demás”.

Ignorancia y creencia

El fanatismo a menudo suele estar relacionado con el problema de la ignorancia, según el cual “los ignorantes son demasiado ignorantes para saber que son ignorantes”, dijo Bergland. Se refirió a él como el efecto de Dunning-Kruger, en el que “los que tienen un desempeño insuficiente en muchos ámbitos sociales e intelectuales parecen mayormente ignorar cuán deficientes es en realidad ese desempeño”. Es algo que presenta un doble problema, dado que “el conocimiento incompleto y mal enfocado los lleva a cometer errores, pero esos mismos déficits también les impiden reconocer cuando se equivocan y otras personas, en cambio, están eligiendo mejor que ellos”, explicó.

En referencia a E. Hoffer, Bergland dijo que “el fanático no puede ser alejado de su causa por medio de un llamado a la razón o el sentido moral”, dijo, sino que, por el contrario, “no encuentra dificultad en saltar repentina y descontroladamente de una causa sagrada a otra. No puede ser convencido sino tan solo convertido”.

Un fanático, explicó Bergland, a menudo lleva a cabo actos de sacrificio propio, lo que le parece conferir el derecho de ser duro e inmisericorde hacia los demás. Citando a Hoffer una vez más, leyó: “La conciencia de sus deficiencias y errores inclina a los frustrados a detectar mala actitud y mala intención en sus prójimos. Por lo general, tratamos de revelar en los demás los defectos que escondemos en nosotros mismos”.

“Cuando las personas se muestran sumamente críticas, sumamente duras con los demás, me pregunto qué están escondiendo o de qué están huyendo”, dijo Bergland. “Cuando alguien parece estar demasiado enfocado en un pecado específico, me pregunto si esa persona en realidad no está luchando con ese mismo problema, o con algo similar”.

Los adventistas, la salud y el fanatismo

La escritora Elena G. White, una de las fundadoras de la Iglesia Adventista, poseía una comprensión profunda del fanatismo, destacó Bergland. Aunque White defendió cambios alimentarios y de otros tipos en pro de una mejor salud, ella explicó que irse a los extremos era, en sus palabras, “el deseo y el plan de Satanás”.

Nuestro enemigo quiere, escribió en su libro El evangelismo, “introducir entre nosotros a personas que vayan a grandes extremos: hombres de mentes estrechas, que son críticos e incisivos, y muy tenaces en sostener sus propias concepciones sobre lo que la verdad significa”. Y añadió: “Serán muy exigentes y tratarán de poner en vigencia deberes rigurosos, exagerando muchos asuntos de menor importancia, mientras descuidan los problemas de más peso de la ley: el juicio y la misericordia de Dios” (p. 158).

White advirtió que “si Satanás no puede mantener a las almas amarradas en el hielo de la indiferencia, procurará empujarlas hacia el fuego del fanatismo” (Carta 34, 1889), y producir así descrédito a la fe.

En Consejos sobre el regimen alimenticio, White añadió que los “extremistas hacen más daño en pocos meses de lo que pueden deshacer en toda una vida. Están empeñados en una obra que a Satanás le agrada ver que continúe. Me han sido presentadas dos clases [de personas]: la primera, constituida por los que no están viviendo de acuerdo con la luz que Dios les ha dado; en segundo lugar, los que son demasiado rígidos para llevar adelante sus ideas unilaterales de reforma, para imponerlas a los demás. Cuando asumen una posición, se aferran a ella y se llevan casi todo a un extremo” (pp. 229, 230).

En 1901, White también escribió: “Tengo que algo que decir en referencia a perspectivas extremas sobre la reforma de salud. La reforma de salud puede llegar a ser una deformación, una destructora de la salud, cuando es llevada a los extremos” (Carta 37).

Por otro lado, seguir verdaderamente el ejemplo de Jesús impedirá que vayamos a los extremos, dijo Bergland. En referencia una vez más a White, en esta ocasión a su libro Gospel Workers, enfatizó: “El Salvador no iba nunca a los extremos, nunca perdió el dominio propio, nunca violó las leyes del buen gusto” (p. 332).

A manera de cierre, Bergland dijo: “Mi oración es que la iglesia, la salud adventistas y los ministerios adventistas de salud, además de cada uno de nosotros de manera personal, sea como Jesús”.

Traducción de Marcos Paseggi

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