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1 de agosto, 2012 – Londres, Inglaterra…Ansel Oliver/ANN

Seis días a la semana durante los Juegos Olímpicos, Richard Daly toma el metro de aquí al Parque Olímpico en el este de Londres, donde más de 100,000 espectadores se aglomeran en nueve campos de juegos.

Daly, un ministro adventista del séptimo día, es uno de los 60 capellanes voluntarios en el sitio de juegos. Para la primera semana de competición él está asignado a servir a los medios de comunicación, junto con 11 otros capellanes que toman turnos dirigiendo la sala de oración de los medios durante todo el día.

A menudo es detenido mientras camina alrededor del Parque Olímpico, y no siempre es porque él se asemeja a un atleta de las competencias. Normalmente es por su extensa colección de botones en el cordón alrededor de su cuello sosteniendo sus credenciales.

«¡Exitazo, que muchos botones!» dice un voluntario de pie adelante en la fila del almuerzo. «¡Es una impresionante colección!» dice otra. Más tarde, una mujer grita del centro de una multitud que camina a cancha de juego, «¿No tienes ningún botón de Addidas para intercambiar?»

Aquí en los Juegos Olímpicos, el intercambio de los botones conmemorativos es un pasatiempo serio y bien documentado en medios locales e internacionales. Un camarógrafo de la cadena NBC dijo que estaba haciendo un reportaje sobre los vestidos deportivos cuando capturaba imágenes de Daly negociando con un intercambiador que llevaba un chaleco lleno de botones de estos juegos y los Juegos Olímpicos anteriores.

Un pasador que el le muestra con regularidad a los asistentes a los juegos es su botón «Fe» de los Juegos Olímpicos, un iniciador de convesación maravilloso, dice él.

«Mire este, ¿lo has visto antes? ¿Es usted una persona de fe?» le preguntó a una guardia de seguridad antes de invitarla a considerar algún día visitar la sala de oración.

Daly, de 45 años, es pastor de la Iglesia Adventista del Séptimo Día de Croyden, al sur de Londres, y está pasando sus vacaciones anuales como voluntario aquí. Dijo que trabajar en los Juegos Olímpicos es una oportunidad para ofrecer una presencia ministerial en uno de los eventos con el perfil más alto del mundo.

«Queremos ofrecer un servicio y hacer presencia aquí», dijo en la mañana del martes mientras caminaba entre la multitud de gente sonriente con suficiente suerte para adquirir boletos para ver los juegos.

Desde la puerta de entrada de seguridad del Parque, Daly camina casi 20 minutos para llegar a la sala de oración, situada en «High Street», una fila de cafés, bancos y tiendas de servicio. Para los 20.000 locutores, periodistas y fotógrafos de noticias aquí estas dos semanas, High Street es el centro comercial en el sitio ubicado entre el Centro Internacional de difusión y el centro principal de prensa.

Un centro religioso entre los periodistas atrae poco tráfico, incluso con su ubicación estratégica frente al gimnasio de los medios de comunicación. Son principalmente un montón de seculares, dijo Daly, y constantemente bregando con plazos para sus reportes. Mientras que la mayoría no asistirán a un servicio, algunos vendrán a escribir peticiones de oración en una tarjeta, sobre las cuales los capellanes juntos, orarán más tarde.

El martes por la mañana unos seguidores del Islam, filtrados entraban y salían para las oraciones. La habitación tiene sillas plegables, otomanos almohadillados y dos áreas semiprivadas de oración detrás de divisores blancos plegables. En la pared está el logotipo de los Juegos Olímpicos con palabras de inspiración agregadas como, «determinación», «arrojo» y «excelencia».

Porque pocos entran, Daly sale. La mayoría de sus conexiones se dan en la cafetería donde la gente se relaja y hablan de su vida. Esa es la oportunidad de Daly para afirmar la fe de ellos o para ofrecerles una palabra de apoyo, tal vez aún, una introducción al cristianismo. No se permite proselitismo, pero Daly puede explorar su propia fe con ellos o invitarlos a buscar una vida espiritual más profunda.

La próxima semana trabajará con los atletas. Si esa asignación es algo como en juegos anteriores, él esperará por deportistas que vengan a él en lugar de salir a reunirse con ellos, dijo Davide Sciarabba, un capellán adventista que sirvió en los Juegos Olímpicos de invierno de 2006 en Turín, Italia.

En Italia, Sciarabba reuniría a los atletas que vinieron a orar con capellanes en el centro interreligioso. Aunque raro, algunos atletas le han pedido orar por ellos para competir bien, algo que Sciarabba dijo que haría, implorando del deportista: «¿Qué pasa si tu oponente llega cinco minutos más tarde y pide lo mismo?»

Daly dijo que las personas se sorprenden al saber que hay capellanes en los juegos; Sin embargo, falló su intento de probarlo el martes por la mañana. «No, [no estoy] sorprendida del todo», dijo una mujer sentada en un banco del parque con tres amigos.

Una mujer, guardia de seguridad, que supervisar la entrada al estudio de NBC dijo, «Hay capellanes en todas partes – en los hospitales, en el trabajo, incluso en el cementerio hay capellanes.»

Es posible que la Iglesia de Inglaterra – la Iglesia Anglicana – ha hecho del trabajo de capellanía en el lugar una prioridad de trabajo. Así lo afirma Christopher Jamison, un sacerdote católico, que también sirve como capellán en la sala de oración.

Priorizar capellanía también podría concientizar sobre la denominación. La iglesia adventista del séptimo día es una pequeña minoría en Gran Bretaña y poco conocida en la mayoría de las áreas. «Los ASD están allá abajo», dijo Daly.

¿»Iglesia de la Séptima Avenida?» dijo Kaye Wren de Birmingham, preguntándole a Daly de su afiliación religiosa, antes de admitir que ella no había oído de la denominación adventista del séptimo día.

En la sede mundial de la iglesia adventista, el director de ministerios de capellanía, Gary Councell, dijo que los adventistas «deben repensar y ampliar cómo hacemos ministerio más allá de los paradigmas tradicionales. Jesús se mezclaba con todo tipo de personas, en su tiempo. Las capellanías son un modo de mezclarse en la comunidad mayor, de extender el ministerio más allá de las cuatro paredes de una iglesia».

Para realizar su trabajo de verano, Daly tuvo que aplicar hace dos años y pasar una entrevista de media hora, que dijo que tenía poco que ver con la actuación como miembro del clero o doctrinas, y se centró más en la experiencia de la gente «inspirándola» y «marcar una diferencia», dijo.

Daly dijo que, a menudo es confundido con un atleta en el Parque Olímpico y en tiendas cercanas. Eso se debe a su forma física y una capa blanca y equipo de Gran Bretaña, que había comprado en una tienda de regalos para protegerse de la llovizna. Incluso a regañadientes firmó algunos autógrafos para obligar a los fans que se niegan a creer que no está en el equipo nacional.

A veces lleva un collar de ministro, a pesar de que los ministros adventistas no los usan. Dice que eso mejor le sirve a otros, lo que les permite que lo identifiquen más fácilmente como un capellán.

«Cuando llegas a ser capellán, la atención espiritual es la prioridad, no tu denominación», expresó él.

Aún así, si alguien pregunta de qué iglesia proviene, él discurre sobre su denominación y muestra su logotipo. Es un pasador en su cuerda.

No lo ha intercambiado.

Traducción: Aleida T. Romero

Image by ANN. Ansel Oliver/ANN
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